miércoles, 16 de abril de 2008

Rigoberta Menchú


Descendiente de la antigua cultura Maya-Quiche e incansable defensora de los derechos y valores de los pueblos indígenas de América, Rigoberta Menchú Tum fue blanco de persecución y debió dejar su nativa Guatemala para refugiarse en México en 1980.

La primera mujer de raza indígena en recibir el Premio Nobel de la Paz (1992) escribió estas palabras para los lectores de BBC Mundo.


Son millones de personas alrededor del mundo que siguen siendo despojadas de lo más valioso de la vida, que es tener una historia colectiva, una familia, un territorio y un país y, probablemente, volver a ello signifique cuantiosas pérdidas, que nunca volverán.

En mi caso, recordaré toda una vida los motivos por los que perdí todo. Días dolorosos de la guerra interna en Guatemala, el genocidio y el terrorismo de Estado que destruyó mi pueblo. Así como yo soy sobreviviente del último genocidio que vivió el pueblo de Guatemala, también soy una de las personas que no descansará mientras viva por una Justicia Universal.


Hoy recuerdo día y noche ésa atrocidad que tiene responsables, los cuales no están siendo perseguidos penalmente, ni juzgados, ni mucho menos castigados por esos delitos, que afectaron a miles de guatemaltecos, entre ellos, niños, jóvenes y mujeres.

Recordaré siempre la generosidad y hospitalidad de muchas personas que a través de su acompañamiento y solidaridad, me dieron la perspectiva de luchar por una cultura de paz. Dentro de estas sensibilidades, quiero reconocer el aporte del pueblo mexicano, que prestó su casa y compartió su familia con todos los guatemaltecos que les tocó ser refugiados durante casi dos décadas. Así como reconocer el apoyo del gobierno de México y de la comunidad internacional.


Los refugiados guatemaltecos fuimos ejemplo de organización comunitaria y de coraje para contribuir a finalizar el conflicto armado en Guatemala e iniciar un nuevo milenio con esperanza. Esto fue así porque los Pueblos Mayas creemos en la tolerancia, el respeto mutuo y la capacidad de volver a soñar un futuro mejor para nuestras próximas generaciones.

Finalizar el conflicto armado interno de más de 36 años en Guatemala, fue nuestra mayor contribución a la paz mundial, durante el fin del siglo XX, pero construir una paz con justicia, equidad, desarrollo y respeto a la grandeza de las culturas milenarias de los pueblos mayas, sobre todo el respeto a la diversidad de todos los guatemaltecos, seguirá siendo un sueño, un anhelo, por el que muchos vivimos.


Cumplir esa misión significa mucho esfuerzo, mucho trabajo, y sobre todo garantizar que nuestros hijos sean actores sociales consecuentes con su memoria histórica.


Salir en busca de refugio para salvar la vida y la familia, significó romper con el ciclo de la vida. Pero lo más grande que tenemos es la naturaleza, donde existe el único espacio para soñar, vivir y sentirse realizado, como sitios sagrados, por lo que muchos refugiados, tendrán que aprender a amar las energías de la tierra donde quiera que lleguen y donde quiera que vivan.

Para enfrentar lo desconocido, se necesita aprender a vivir en un gran mundo intercultural. El planeta es multiétnico, multilingüe, diverso, por lo que ese testimonio de interculturalidad que viven los niños refugiados del mundo, debe ser una lección para la humanidad.

También quiero recordar a aquellos que no nacieron, que murieron en el vientre de sus madres a causa de la represión y que no alcanzaron a ser refugiados, así como a los menores huérfanos que en el refugio crecieron sin padres. Apelo a toda la humanidad para que el genocidio en Guatemala nunca se olvide.

Antes de que fuera refugiada, pensaba que mi cultura milenaria era un legado de mis ancestros mayas, pero hoy estoy convencida de que es un patrimonio universal, por lo que quiero compartir con todos los refugiados del mundo, un fragmento del primer poema que escribí, cuando apenas estaba aprendiendo uno de los idiomas universales que es el castellano, porque en mi pueblo solamente se hablaba el maya quiché...".

© Rigoberta Menchú


martes, 15 de abril de 2008

Daniel Viglietti

Daniel Viglietti, cantautor uruguayo y uno de los más importantes exponentes de la canción de protesta latinoamericana, tuvo que vivir fuera de su país durante la mayoría de los 12 años de gobierno de facto (1973 - 1985).

El autor de recordados temas como A Desalambrar, compartió con la BBC desde Montevideo las emociones del exilio y del regreso.



¿Qué sintió al tener que irse de Uruguay?

Mi primera salida en el 73 fue a trabajar a Buenos Aires. Esperaba regresar a una situación en Uruguay que ya era muy dura y me avisaron que otra vez había sido requerido. En ese momento me instalé en Buenos Aires. El destino parecía afincarme allí, con la ilusión, la esperanza, de estar tan cerca, en un lugar tan nuestro, en muchos sentidos.

Luego surgieron distancias mayores porque me contrataron para una gran fiesta del diario L'Humanité, en Francia e incidieron también factores familiares y pasé mi exilio muy lejos... ¿Qué sentí? Es una suma de sensaciones, de pérdida, de elaborar el duelo -como dicen los psicoanalistas.

Fue literalmente elaborar ese duelo o ese vuelo obligado, en un país donde yo no hablaba prácticamente la lengua, donde tuve que insertarme y donde también me nacieron otros impulsos. Pero sobre todo lo que sentí fue la falta de toda esa comunidad humana, de toda la gente: desde el primer nivel -la familia, por supuesto, los amigos -que son algo tan importante en la vida: no hay nada virtual que los pueda sustituir.


¿Cómo veía a su país desde el exilio?

Naturalmente lo veía con lentes oscuros porque las noticias que llegaban eran terribles y, desde lejos, el catalejo lo que muestra es aquello más vivo y más urgente, que era sobre lo que nosotros trabajábamos -toda una campaña de denuncias desde el exilio, a través de la canción, de actos, de comités, etc.


Uno se perdía el poquito de sol que dentro de todo podía tener el que estaba dentro de ese país-prisión, pero que podía respirar otras cosas. Nosotros recibíamos sólo la visión del catalejo. Siempre tuvimos claro que lo más grave ocurría dentro del país. Nunca hiperdramatizamos el exilio porque sabíamos que lo central era los presos, la tortura, la desaparición y el país prisionero de la dictadura.

¿Soñaba con volver a cantar y expresar sus ideas libremente en su tierra?

Sí. Siempre tuve la sensación de que se iba a producir el regreso, aunque ya por los españoles exiliados en Uruguay décadas anteriores yo había aprendido que no convenía levantarse todos los días con el boleto de regreso en la cabeza.

Soñaba con el regreso, con poder volver a cantar y sobre todo me nutrí mucho de los materiales culturales que fueron naciendo en esos años dentro del país: de alguna manera me los hacían llegar, escuchar A Los que iban cantando, la aparición después de otras figuras de la canción... Eso me demostraba que la canción estaba viva, que la gente estaba -a pesar de todo- viva y creativa.

Y cuando sí tuvo ese boleto de regreso, ¿qué expectativas tenía?

¡Uy! Eso fue una emoción imponente, tanto que yo no quise hacer el viaje directo hasta Uruguay sino que hice puerto en Argentina, como para llegar bien fresco, habiendo dormido bien... estar súper despierto para reencontrar todos esos círculos: la familia en la puerta del aeropuerto, los amigos, hasta compañeros de escuela que me saludaban cuando íbamos en el ómnibus. Fui recibido por cantidad de gente: me tocó entrar junto a -entre otros- Atahualpa del Chopo, un gran valor del teatro latinoamericano y mundial.

¡Aquello fue una emoción brutal!

Llegamos a una conferencia de prensa y de allí me fui a descansar a casa de un músico un ratito para poder llegar al concierto ese mismo día. Después de la caravana, entré al estadio Luis Franzini -un estadio de fútbol de Montevideo-, canté para 25.000 personas... Todo aquello lleno de banderas que habían salido quizás hacía pocos días de estar escondidas o que habían sido hechas el día anterior... Imágenes de figuras de la historia uruguaya y latinoamericana que estaban prohibidas: no hay que olvidar que todavía estaba la dictadura -ya negociando su retirada- pero todavía estaba.

Más allá del regreso puntual, del concierto ante una multitud, del abrazo, ¿qué esperaba del Uruguay?

Yo creo que después de ese abrazo entrañable, el cuerpo del país y el de uno tomaron la distancia lógica de la vida cotidiana. Mi reinserción fue lenta, la fui haciendo pausadamente -también por razones familiares. Pero yo diría que a partir del '85/'86 yo ya estaba con mi cabeza y mi corazón en Uruguay, aunque el cuerpo siguió viajando.

La reinserción se fue dando de una manera muy natural: fue como reencontrar a un viejo amigo con el que, después de la emoción inicial, no necesitas hablar demasiado, no tenés zonas de desencuentro. Yo lo viví así. Sé que en otros casos, la cosa fue más compleja.

¿Era realmente el país que esperaba?

Sabes que sí... era el país que yo esperaba. Había cosas que habían cambiado, podía sentir a veces un poco más de egoísmo en alguna gente o una concentración en sí mismo -uno analizaba que eso era el efecto de la dictadura-, pero sin embargo era el país que yo había dejado. Y reencontré una cantidad de gentes y de seres que estaban en su lugar, cuyo pie, cuyo corazón estaba en esa huella que uno recordaba en el exilio.

¿Qué marcas dejó esa separación forzada -no solamente en Daniel Viglietti sino en su generación?

Tuvimos nuestra cuota de dolor y eso llevó también a reflexionar y a profundizar mucho. Yo creo que eso apareció en mis canciones: después de haber cantado que había que desalambrar tierras y que había que crear el hombre nuevo, hubo también que buscar adentro de uno el hombre viejo, el hombre golpeado que todos teníamos dentro después de todo lo que había ocurrido y también desalambrar los interiores de uno... sin olvidar lo otro: sigo pensando en sentido global lo que pensaba hace 30, 40 años -con los cambios necesarios.

En algún momento definía su casa durante el exilio básicamente como la de un caracol, porque no tenía raíces. ¿Pudo volver a echar raíces de nuevo en el Uruguay de hoy?

No hay que olvidarse que el caracol camina sobre plantas que sí tienen raíces. Yo creo que mi caracol caminaba sobre un ombú y yo no me daba cuenta. Además, el caracol se movía gracias a todo ese sistema de comunicación con las acciones solidarias a través del mundo: yo hago la autocrítica de que hemos olvidado un poco responder a la solidaridad que recibimos del extranjero.

martes, 1 de abril de 2008

Campo de refugiados de Shufat, abril 2007

Rapeando sobre nuestras vidas y ambiciones
Rapeando sobre nuestras esperanzas y situación

Por Maysa Gayyusi

Andando por las estrechas callejuelas del campo de refugiados de Shufat en Jerusalén, lo último que esperas encontrarte es un grupo de rap. Pero así es: Shufat es el hogar de G- Town, un conjunto de rap que espera algún día llegar a lo más alto. Cuatro chicos y una chica intentan conectar con su sociedad a través de este medio novedoso entre la juventud refugiada.

"Solía escuchar rap en árabe e inglés" comenta Mohammmed "En 2002 tuve la idea de formar mi propio grupo. Pensé que no lo podría hacer solo por lo que empecé a buscar a otros interesados. Al primero al que encontré fue Ala’ que sabía mucho sobre ordenadores, sistemas de grabación y el tipo de equipamiento que necesitaríamos".

G- Town sueña en grande, pero sus necesidades son aun mayores. Actualmente utilizan un estudio con lo básico en casa de Mohammed ya que no tienen quien les financie el pago del alquiler de uno profesional. Reciben pequeñas donaciones, pero no son suficientes para llegar a donde aspira el grupo.

Mohammed, el líder del grupo, tuvo la oportunidad de mostrar el talento del grupo en la reunión anual de UNRWA para Países Donantes y de Acogida que se celebró en Amman el diciembre de 2006. Su actuación recibió el aplauso entusiasta de los representantes de países de todo el mundo.

Pero las palabras de Mohammed iban más allá del mero entretenimiento. Utilizando el lenguaje del rap, compartió su experiencia como joven refugiado en un campo e impresionó a los invitados regionales e internacionales reunidos..

Mohammed estuvo acompañado por otros jóvenes refugiados provenientes de las cinco áreas de operaciones de UNRWA: Jordania, Libano, Siria, Cisjordania y la Franja de Gaza. Tanto durante las presentaciones de los diversos paneles de la reunión como en debates organizados en pequeños grupos, los jóvenes refugiados hablaron sobre los diversos programas y actividades de la UNRWA en los que han participado a lo largo de su vida e hicieron algunas recomendaciones sobre cambios que les gustaría ver en sus comunidades.

La conferencia de Países Donantes y de Acogida era el marco ideal para que Mohammed expresara la creatividad, el espíritu positivo y la esperanza de la juventud refugiada a pesar de las dificultades que sufren. Actualmente, G- town planea el lanzamiento de su primer disco.

Con canciones llenas de mensajes simbólicos, el grupo esta decidido a que el mundo les oiga. "Rapeamos sobre nuestra vida y ambiciones, rapeamos sobre nuestra esperanza y situación" cantan.

"Escribimos nuestras canciones todos juntos. Tomamos la dura realidad de nuestras vidas cotidianas y la convertimos en un nuevo estilo de poesía. Cuando componemos, pensamos en todo Oriente Medio" señala Ala’.

Esta es la letra de su última canción:

"No podemos movernos
Muros, tanques, asesinatos, sangre
¿Cuando va a terminar esta miseria?"

sábado, 1 de marzo de 2008

El Winnipeg


Winnipeg (barco)
De Wikipedia, la enciclopedia libre


Winnipeg es el nombre del barco que arribó a las costas de Valparaíso, Chile, el día 3 de septiembre de 1939, con 2.200 inmigrantes españoles provenientes desde Francia por iniciativa del poeta chileno Pablo Neruda. Los inmigrantes eran refugiados republicanos de la Guerra Civil Española que habían huido de España por la llegada de Francisco Franco al poder.



Historia

Luego de estallar la Guerra Civil española, Pablo Neruda se entera de los refugiados republicanos españoles que se encuentran en campos de concentración franceses hacinados y en condiciones miserables.[2]

El poeta, que en ese entonces se encontraba en Chile, sensibilizado por la situación de los españoles, decide embarcarse en una empresa que comprendía trasladar a cerca de 2.500 refugiados desde Francia hacia Chile. Antes de trabajar en Francia, Pablo Neruda se había desempeñado como cónsul de Chile en España. Motivado por la amistad entre ambos países, su amor por España, y gracias al auspicio del Presidente chileno Pedro Aguirre Cerda (al que le agradaba la idea de traer trabajadores y hombres de esfuerzo al país, capacitados en las más diversas áreas), el poeta decide organizar este viaje. El Presidente lo nombra cónsul especial de emigración española en el país galo.

A pesar que el buque era un viejo carguero francés que normalmente no llevaba más de 20 personas, fue adaptado para acomodar a los de 2.200 refugiados españoles.

Neruda participa activamente en la organización de la travesía del Winnipeg, como reunir a las familias separadas por la guerra. Además de la colaboración de sus amigos escritores artistas, lo ayuda su esposa Delia del Carril.


La noche que el Winnipeg elevó anclas, en el puerto francés de Trompeloup - Pauillac, Pablo Neruda escribió lo siquiente, recordado en sus Memorias:


"Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece.
Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.". Pablo Neruda, Trompeloup, 4 de Agosto de 1939.

El día 2 de septiembre de 1939 el Winnipeg atraca en el puerto de Valparaíso, Chile. Al día siguiente desembarcan los españoles y son recibidos por las autoridades chilenas. Aunque previamente algunos se habían bajado en el puerto de Arica, Chile unos días antes, decidiendo comenzar una nueva vida en el norte del país. Como forma de agradecer la generosidad de Chile y en especial la del Presidente Pedro Aguirre Cerda, los inmigrantes cuelgan del barco una gran telón con el rostro del presidente pintado sobre él.

La mayoría de los españoles que desembarcaron del Winnipeg permanecieron en Chile. Años más tarde sus descendientes también llegarían desde Europa a Chile para reunirse con sus familiares y construir sus vidas en América.

Trascendencia

El Winnipeg tiene un significado especial para los inmigrantes españoles y sus descendientes. Será recordado como el barco que rescató a miles de españoles de la guerra, dándoles una nueva posibilidad de vida en tierras chilenas, por gestión y obra del poeta Pablo Neruda.

Refugiados destacados

Entre las personas que llegaron a Chile embarcados en el Winnipeg se encuentran el famoso historiador Leopoldo Castedo, el Tipógrafo Mauricio Amster, el afamado dramaturgo Luis Fernandez Turbica y los pintores Roser Bru y José Balmes. Éste último recuerda así el gesto del poeta:

“Nunca jamás, ni siquiera al final de mi vida voy a hacer lo suficiente por agradecer el hecho de estar en este país y de ser ciudadano chileno, gracias justamente a Pablo Neruda. Como alguien dijo alguna vez ‘las deudas de amor no se terminan de pagar nunca’ y esta es una gran deuda que yo tengo con él todavía”.

lunes, 25 de febrero de 2008

Quedarse Solo

Quedarse Solo

UNRWA

Bourj El- Barajneh, Febrero 2007

Provengo de Kapri, a las afueras de Acre
Estaba atestado de frutas y verduras

Cada valle y montaña
Estaba lleno de uvas, olivos, higos…

Huimos y dejamos todo esto atrás
Que podemos hacer?

Fatima Badawi lamenta su gran pérdida, la pérdida de su tierra le parte el corazón. Enviudó el mismo año,1948, que huyó de Palestina con sus dos hijas. Por entonces, una tenía tan sólo 15 días y otra un año y medio. Líbano ha sido desde entonces su refugio. Ella y otros con edades comprendidas entre los 60 y los 90 años son la última generación de refugiados de Palestina que pueden contar su historia desde el principio.

Muchos de estos ancianos refugiados de Palestina que viven en el campo de Bourj al- Barajen hace tiempo que perdieron a sus cónyuges e hijos, o los familiares que les quedan son demasiado pobres para mantenerlos. Deprimidos, se habían acostumbrado a sentarse sin nada que hacer en sus habitaciones húmedas y oscuras hasta que el "Center for Active Ageing" (Centro para el Envejecimiento Activo) fue inaugurado en el campo en abril de 2006.

El "Center for Active Aging" – el primero de su clase en los 12 campos de refugiados palestinos en Líbano- sirve como un cobijo donde estos ancianos se han convertido en amigos. Abierto diariamente de 8 de la mañana a 3 de la tarde, 30 ancianos disfrutan de sus ventajas. 15 de ellos acuden al centro mientras que el resto, demasiado frágiles para moverse, reciben comida caliente en su domicilio. Los que van, disfrutan de la compañía de los demás en los dos comedores, la cocina, la sala con TV y la terraza del Centro.

La idea de crear este centro fue de los responsables del centro social para mujeres de Bourj al- Barajen que se dieron cuenta, durante los iftars (comida con la que se rompe a diario el ayuno del Ramadan) que organizaban para los ancianos, que muchos de ellos necesitaban a diario comida caliente a domicilio.

Aun así, la oficial del programa de mujeres de UNRWA, Hala Daifallah, explica que el gran objetivo del centro es "sacar a los ancianos de su soledad". Como muchos de los que frecuentan el centro no tienen ya familia, están encantados de encontrar compañía a diario aquí.

"Gracias a Dios, cuando comencé a venir aquí, empecé a encontrarme más a gusto" comenta uno de los ancianos que visita regularmente el centro. ‘Todos tenemos preocupaciones y problemas en casa, pero los dejamos allí y venimos aquí para hablar y divertirnos" señala otro.

"Nos sentamos y escuchamos las historias de su infancia en Palestina- lo cual es un privilegio" dice Daifallah.

El centro también organiza actividades para los ancianos, incluidas salidas como excursiones a un río cercano o un picnic. Además, se ofrecen sesiones de concienciación, en coordinación con ONGs locales, en aspectos tales como relaciones con los ancianos, cómo tomar los medicamentos apropiadamente y cómo mantenerse sociable.

El Centro para ancianos refugiados de Palestina cuenta con el apoyo de sponsors y donantes.

Daifallah apunta que "el programa puede mantenerse con sus actuales recursos hasta abril de 2007, pero no hay por que preocuparse ya que muchos ONGs , el Gremio de Mujeres de Naciones Unidas en el Líbano (UNWGL) y personas individuales están constantemente donando fondos al centro ya que el funcionamiento del programa les ha impresionado" El centro además se beneficia de donaciones en alimentos de familias palestinas y libanesas con buenos recursos económicos.

sábado, 23 de febrero de 2008

campo de refugiados de Kakuma parece no tener límite

Misiones Salesianas

El campo de refugiados de Kakuma parece no tener límite. Lleva doce años acogiendo a hombres, mujeres y niños que buscan asilo en Kenia. Forman una población de 84.000 personas, de la que hoy se ocupan varias organizaciones internacionales. Entre ellas un grupo de salesianos, responsable de la educación de los refugiados más jóvenes.

El campo de refugiados de Kakuma está situado en Kenia, a 840 kilómetros al norte de Nairobi, junto a la frontera con Sudán y Uganda. Se creó en 1992 para acoger a los miles de refugiados sudaneses que huían de la guerra. Ocupaba una extensión de 15 kilómetros de largo por 5 de ancho, sobre un terreno árido y caluroso. En los años siguientes Kakuma empezó a recibir a refugiados de otros 8 campos que se cerraron, hasta convertirse en una comunidad internacional con 40 grupos étnicos, en un área que hoy se extiende sobre 25 kilómetros cuadrados.


En el 2000 el campo agrupaba a 72.000 personas; cuatro años después su población se estima en 84.000 refugiados. Pero las cifras siguen aumentado cada mes, con la continua llegada de nuevos refugiados, especialmente desde el sur de Sudán. Este grupo mayoritario supone un 78% de la población de Kakuma, aunque con procedencia de diferentes etnias; los sigue el grupo de somalíes, un 18% del campo. El 4% restante procede de Etiopía, Eritrea, República Democrática del Congo, Ruanda y Burundi.


Entre los refugiados se encuentran algunos colectivos más débiles, como las 5.000 víctimas mutiladas de guerra, los más de 1.200 ancianos o las 2.000 mujeres abandonadas. También destaca la población juvenil: un 30% de los integrantes del campo son menores de 17 años. De ellos, 4.000 niños llegaron sin sus familias; se les conoce como "Lost Boys", los "niños perdidos" que huyeron de Sudán sin ayuda de los adultos.

Una organización compleja


A las dificultades del terreno, falto de agua, vegetación y leña, se une el elevado número de refugiados, que durante la última década han producido una gran presión sobre los recursos naturales, hasta el punto de provocar un conflicto con las poblaciones nómadas de la etnia Turkana, que tradicionalmente han habitado esta zona.


El acceso al campo de refugiados se realiza por carretera, desde las localidades de Lokichoggio o Lodwar, pero resulta tan peligroso que sólo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y algunas organizaciones de ayuda se atreven a viajar, en un convoy que se desplaza diariamente hasta Kakuma, bajo fuertes medidas de protección.


ACNUR tiene la dirección general y la responsabilidad máxima sobre los refugiados, pero cuenta con otras organizaciones que aportan recursos para su supervivencia, entre ellas la Lutheran World Federation, responsable de la organización general del campo y de la distribución de alimentos y agua, así como de la salud, la educación, la seguridad y los servicios sociales; el International Rescue Committee, encargado del hospital y de los programas para mutilados; la World Vision Kenya, que se ocupa de las construcciones; la Cruz Roja, que intenta poner en contacto a los refugiados con sus familias; el Servicio Jesuita de Refugiados o las Escuelas Profesionales Don Bosco.

La aportación educativa salesiana


El trabajo salesiano se integra con el del resto de organizaciones internacionales. Junto con la atención pastoral que dedican a la población católica, distribuida en diez capillas, los misioneros tienen encomendada la educación y la formación técnica de los jóvenes del campo. Para ello han puesto en marcha tres escuelas profesionales, conocidas como Don Bosco Vocational Training Centres, donde ofrecen cursos de albañilería, mecánica, carpintería, mecanografía, electricidad, soldadura, fontanería, hidráulica, costura y secretariado a alumnos de ambos sexos, entre los 18 y 25 años. Estos estudios están homologados por el Gobierno de Kenia.

La comunidad salesiana también ha organizado varios centros de formación profesional para mutilados y un programa para que los antiguos alumnos pueden trabajar en tres unidades de producción, de carpintería, metalurgia y costura, que están en el mismo campo. Chicos y chicas ponen en práctica los conocimientos adquiridos y reciben por su trabajo unos ingresos mínimos, que les permiten mejorar su calidad de vida. Además los salesianos han puesto en marcha otro programa, en el que participan Caritas Italia y Caritas España, que establece una serie de micro créditos para que los jóvenes puedan emprender por su cuenta pequeños negocios.

Para la formación infantil han constituido 21 escuelas primarias y 3 secundarias. En conjunto la comunidad misionera salesiana ofrece una posibilidad de formación a 22.000 estudiantes, para lo que cuenta con la ayuda de antiguos alumnos de las escuelas salesianas de Kenia, así como de los voluntarios locales o extranjeros que llegan al campo de refugiados. Esta oferta educativa se ha convertido en una razón más para atraer a los refugiados hacia Kakuma, porque además de la seguridad, valoran esta oportunidad de aprendizaje.


La lucha por la supervivencia es difícil para los refugiados, incluso en los campos de acogida. Durante la última década nueve millones de personas han conseguido regresar a sus lugares de origen en Afganistán, Camboya, Irak, Mozambique o Myanmar, pero otros muchos siguen en peligro. Sólo con la colaboración internacional es posible mantener una red de ayuda que les permita llevar una vida estable, con tareas cotidianas como la alimentación, la higiene, el cuidado de la salud o el estudio, que devuelvan la dignidad a esos 50 millones de personas que siguen amenazadas.

lunes, 21 de enero de 2008

Historia de una mujer, refugiada , que huyo de la violencia en Colombia


Informe Especial de FUNAR, con motivo de celebrarse este 25 de noviembre otro año mas de la lucha en contra de la violencia de la mujer.

PRIMERA PARTE
En Colombia existen miles de casos de personas que tuvieron que abandonar sus familias, patrimonios, toda una vida de trabajo ante las agresiones del estado los paramilitares o la guerrilla. Nosotros después de evaluar exhaustivamente decidimos publicar al mundo la historia de una familia desplazada compuesta por la madre, el padre y el hijo nacido en la República Bolivariana de Venezuela, quienes huyeron de su país de origen Colombia, después de ser victima de un atentado criminal por parte de un grupo paramilitar de la costa norte y en donde casi le cuesta la vida al padre.

Sus nombres han sido cambiados por seguridad de las victimas.

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